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AUTORITARISMO COMUNICACIONAL
Autor: BISBAL, MARCELINO
Editorial: LOS LIBROS DE "EL NACIONAL"
ISBN: 9789803887551
Año de Publicación: 2015
Materia: POLITICA
Precio Bs: 20.000,00
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Sinopsis


Entendiendo el autoritarismo comunicacional. Hablar de comunicación, mejor vamos a hablar de comunicaciones, implica hablar de política y sociedad. Porque una comunicación libre, una libertad de comunicación, una libertad de expresión y un derecho tan fundamental y totalizante como es el derecho a la información y comunicación, significa entender y visualizar la calidad de la vida política que prevalece en una sociedad. Como nos lo expresa claramente el sociólogo chileno José Joaquín Brunner: “Existe una conexión profunda entre el sistema político prevaleciente en una sociedad determinada y el régimen comunicativo que aquel en parte condiciona y al cual necesita para subsistir”. ¿A qué viene esa idea-fuerza? Hoy estamos en presencia de un nuevo régimen comunicativo. La comunicación social –léase mejor información– y los medios por donde ella circula han ganado en estos ya casi diecisiete años un papel estratégico para el poder instaurado desde 1999. La idea casi exclusiva de la comunicación dentro de una economía abierta y competitiva empezó a cambiar desde los inicios del régimen chavista. Pero en el tiempo también empezarían a cambiar las comunicaciones libres, abiertas y plurales. En la denominada era bolivariana la subordinación de los medios y sus comunicaciones con respecto a la política ha sido una constante impuesta desde la cúspide del poder. Hoy, el debate político para el mundo oficialista se juega en y desde los medios, de ahí que el gobierno haya querido imponer lo que denominamos un nuevo régimen comunicativo. Este nuevo modelo de estructura comunicacional ha intentado, con éxito, la ruptura, reorientación y reorganización del régimen comunicativo anterior, especialmente de los llamados medios públicos y los medios comunitarios y/o alternativos –nunca tan gubernamentalizados y partidizados como en el presente– con la única función de asegurar un orden fundado en controles oficiales para inducir en la sociedad la idea de que el hombre nuevo está naciendo y, al mismo tiempo, llevándose por el medio la memoria del pasado político, la historia del país, su cultura, su identidad y hasta las actitudes de tolerancia y pluralismo. El tiempo ha transcurrido y en estos años, hasta el presente, las comunicaciones y las políticas públicas impuestas para ellas han sido de mayor control y regulación; de creación de mecanismos jurídicos que han significado intimidación y autocensura; de diseño de una amplísima plataforma mediática de carácter hegemónico y el establecimiento de una narrativa y arquitectura simbólica que ha logrado convencer a una parte del país. En definitiva, la operación que se puso en marcha desde los sucesos de 2002 se conecta con la idea expuesta en el Brasil de 1934, en plena dictadura de Getulio Vargas, cuando un grupo de intelectuales cobijados en el gobierno le dijeron a este que “los medios de comunicación no deben pensarse como simples medios de diversión, sino como armas políticas sometidas al control de la razón del Estado”. Lo que ha venido ocurriendo en el tiempo, que nos ponen de manifiesto los textos referidos antes, es la pérdida de un periodismo crítico, plural e independiente; las restricciones a la libertad de comunicación y de información; el escandaloso secuestro de la radio-televisión pública; el asalto a Conatel para convertirlo en una entidad más política que técnica; la creación de leyes que controlan contenidos incómodos para el gobierno; la discriminación publicitaria hacia los medios que son críticos; el caso de RCTV; la concepción de las telecomunicaciones para la construcción de una sociedad socialista; el intento sostenido de querer imponer un modelo cultural distinto de corte personalista, autoritario y militarista; la cooptación política de los medios comunitarios; el ataque y agresiones físicas contra los profesionales del periodismo; la intimidación, hostigamiento judicial, restricciones administrativas y detenciones arbitrarias de periodistas; el uso de información para desprestigio de medios y periodistas… Lo que hemos llamado autoritarismo comunicacional se refiere a un gobierno que esquizofrénicamente profesa una idea del poder como valor absoluto y que alienta acciones y procesos en diversos ámbitos de la vida que van en una dirección muy distinta a la de considerar a la libertad de comunicación, a la libertad de expresión y a la libertad de pensamiento como piezas fundamentales de la democracia. Comunicaciones dependientes y subordinadas al poder. Eso es lo que hoy tenemos dentro del des-orden que nos toca vivir y que se quiere imponer como cultura. Porque el autoritarismo, así como la democracia tienen una significación cultural. De aquí se desprende la importancia de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Desde allí, saliendo airosos con el triunfo político y electoral, podemos empezar a imaginar un futuro democrático, hecho que nos merecemos. De suceder lo contrario el autoritarismo se impondrá aún con más fuerza y con más des-orden. De TODOS nosotros depende que eso no suceda.





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