El peruano Mario Vargas Llosa gana el premio Nobel de Literatura

Mario Vargas Llosa, uno de los escritores latinoamericanos más célebres, fue galardonado con el premio Nobel de Literatura 2010 y se convirtió en el primer ganador de habla hispana desde 1990.

“Ha sido una sorpresa total, una sorpresa agradable”, declaró Vargas Llosa la mañana del jueves a la estación radial WQBA 1140 de Miami, en una entrevista telefónica.

“Es un estímulo formidable, supongo que en estos días mi vida se va a complicar un poco … pero no creo que en lo fundamental cambie nada en lo que se refiere a mi trabajo”, añadió el escritor peruano.

La Academia Sueca dijo que le otorgó el galardón al autor de 74 años, “por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo”.

Vargas Llosa, quien se encuentra en Nueva York dando clases en la Universidad de Princeton, explicó que estaba despierto temprano en la mañana cuando su esposa recibió una llamada que le pasó porque no entendió quién era el que hablaba.

La llamada se cortó, y cuando él volvió a atender se enteró que era el secretario de la academia sueca informándole que había ganado el premio Nobel de Literatura y que en 14 minutos se haría el anuncio público.

“Me quedó en la cabeza la duda, no vaya a ser una broma… Todavía ando un poco sorprendido. La verdad es que no me lo esperaba”, relató Vargas Llosa, cuya próxima novela, “El sueño del celta”, sale a la venta el 3 de noviembre.

El peruano, nacionalizado español, es el primer ganador de habla hispana del Nobel de Literatura desde que fue otorgado al escritor mexicano Octavio Paz en 1990. El escritor colombiano Gabriel García Márquez lo recibió en 1982. Anteriormente habían sigo galardonados el novelista guatemalteco Miguel Angel Asturias y los poetas chilenos Gabriela Mistral y Pablo Neruda.

El secretario permanente de la academia, Peter Englund, dijo que Vargas Llosa “tiene el don divino de la narrativa… es uno de los grandes autores del mundo de habla hispana”.

Añadió que el escritor se encontraba en Nueva York el jueves cuando recibió la noticia por teléfono. Está dictando un curso en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey.

“Estaba muy, muy feliz”, dijo Englund. “Y muy conmovido”.

El gran éxito internacional llegó a Vargas Llosa con la novela “La ciudad y los perros”, de 1960.

Vargas Llosa ha escrito más de 30 novelas, obras de teatro y ensayos, como “Conversación en la Catedral” y “La casa verde”. En 1995, fue galardonado con el Premio Cervantes, el galardón literario más distinguido del mundo de habla española. Entre sus obras de teatro se cuentan “La señorita de Tacna”, “La Chunga” y “Katy y el hipopótamo”.

Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, en 1936. Inició su vida en un entorno familiar que para la época era desalentador. De madre divorciada, en una sociedad peruana conservadora, y que se mantuvo alejado de su padre, al que conoció cuando cumplió 10 años, tuvo una difícil ruta en sus primeros años.

Su madre decidió viajar a Cochabamba, Bolivia, para criar a su hijo alejado de presiones, y en esa ciudad serrana hizo sus estudios básicos.

A su retorno a Perú, en 1946, estudió en el colegio militar Leoncio Prado, lo que le marcó y sirvió de base para una de sus obras más famosas: “La ciudad y los perros”, que obtuvo el prestigioso premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral en 1962.

Otra de sus novelas más célebres, “La tía Julia y el escribidor” (1977), narra también sus experiencias juveniles y de paso a la adultez, como su relación con su tía política Julia Urquidi, de mayor edad que él, y con la que se casó en 1953 cuando tenía 18 años, mientras trataba de subsistir como periodista de radio y prensa, e incluso como encargado de revisar los nombres de las tumbas de un cementerio.

Sus esfuerzos por no desligarse de las letras, le dieron frutos en 1959, cuando su obra “Los jefes” fue premiada y empezó a ser reconocido dentro y fuera de las fronteras de Perú, al tiempo que difundía sus ideas socialistas, como el apoyo a la revolución cubana.

Como reflejo de esta influencia, Vargas Llosa viajó a La Habana en 1962 como enviado especial de la radio-televisión francesa durante la crisis de los misiles que la entonces Unión Soviética instaló en la isla y que provocó una fuerte tensión con el gobierno estadounidense de John F. Kennedy.

En esta época, escribió “Conversación en la Catedral”, en 1969, una de sus obras más destacadas, que mezcla un cuento con la realidad de la alta sociedad vinculada con la política peruana; y “La casa verde”, mientras alternaba su residencia en Perú y Argentina. Luego viajó a Europa, donde vivió en París, Barcelona, y Londres.

Su período de idealista de izquierda terminó en 1971, cuando Vargas Llosa dio un giro intelectual hacia la centro izquierda. En ese año publica “García Márquez: Historia de un Deicidio”, obra que destaca el proceso creativo de su entonces amigo, el premio Nobel de Literatura (1982), el colombiano Gabriel García Márquez.

La novela “Pantaleón y las visitadoras”, publicada en 1973, fue llevada al cine por él en 1976, con poco éxito, aunque luego fue realizada nuevamente en el 2000 por otro peruano, Francisco Lombardi, con gran acogida del público y la crítica.

En la década de los ochenta, Vargas Llosa intercaló su ininterrumpido trabajo literario con el periodismo, y en 1983 realizó una destacada investigación acerca de la muerte de ocho periodistas a manos de indígenas, que los habían confundieron con guerrilleros.

En esa década, una de las más prolíficas, salen a la luz sus libros “La guerra del fin del mundo”, “Contra viento y marea”, “Historia de Mayta”, y “¿Quién mató a Palomino Molero?”.

Aunque hasta ese momento se mantenía alejado de la política, en 1987 mostró su oposición radical al gobierno del presidente Alan García (1985-1990), en ese entonces en su primer mandato presidencial, por las duras posturas nacionalistas y de tinte socialista que había ejecutado.

Vargas Llosa participó como candidato presidencial en las elecciones de 1990 y aparecía como favorito, pero fue derrotado sorpresivamente por las promesas populistas de Alberto Fujimori. Su desenvolvimiento político de ese entonces fue puesto en papel en su obra “El pez en el agua”, publicada en 1993.

En ese año retornó a Europa, y sumó la nacionalidad española a la peruana, lo que causó el recelo en su país de origen.

“Jamás he renunciado a mi nacionalidad peruana, la he enriquecido añadiéndole la española”, dijo haciendo precisiones a la controversia, en tanto escribía novelas, realizando análisis noticiosos y criticaba fuertemente al gobierno de Fujimori y a otros regímenes autoritarios de la región.

Inició el siglo XXI publicando la novela “La fiesta del chivo”, de gran éxito comercial, y que fue llevada al cine en el 2005. La novela está ambientada en la República Dominicana en los últimos años de la dictadura de Trujillo.

Por KARL RITTER y MALIN RISING
Vía AP

Fiebre de celunovelas

En Japón, las novelas escritas y concebidas para ser difundidas en teléfonos celulares se han convertido en un verdadero fenómeno social. Se han erigido además como un nuevo “género literario”. Análisis de textos.

Shintaro Nakanishi / Tokio

Si al oír los nombres de Chaco, Towa, Auki, Bea-hime o May, usted es capaz de citar los títulos de sus obras, es sin duda porque usted es un fanático de las ketai shosetsu [del japonés “shosetsu”, novela y “ketai”, celular], novelas escritas y difundidas a través de celulares. Estas novelas son luego publicadas en formato de libro a un precio que no excede los 1.000 yenes (18000 pesos), con carátulas de colores llamativos, adornadas con la foto de estas nuevas estrellas literarias y con una mención de la cantidad de veces que han sido descargadas de internet. Estos libros han comenzado a invadir las estanterías de todas las librerías en Japón.

Las ketai shosetsu “eligen” a sus lectores. A los amantes de literatura seria —e incluso a los lectores de novelas light— ­les cuesta muchísimo aceptar que tengan alguna calidad, si es que se toman el tiempo de hojearlas. Para la mayoría de la gente es casi imposible considerar estos textos como verdaderas obras literarias.
¿Por qué entonces estas novelas tienen hoy en día tantos lectores y son tan exitosas? Y ¿cómo es que los adolescentes—sobre todo las adolescentes— asiduos visitantes de sitios de descargas gratuitas como Maho-no toshokan [ la Biblioteca mágica, http://ip.tosp.co.jp] las leen? Salvo algunas excepciones, todas las ketai shosetsu cuentan historias de relaciones chico-chica entre jóvenes de 15 a 20 años. Son pues “relatos” que narran “experiencias” a través de las cuales los adolescentes “encuentran” su “alma gemela”. Estas palabras están entre comillas porque, en este nuevo género literario, poseen un significado distinto al que se les da habitualmente.

A diferencia de las novelas light, que hablan del amor en tono frívolo, los personajes de las ketai shosetsu están en búsqueda del “amor verdadero”. En este sentido estas historias se asemejan a los mangas y a las novelas para adolescentes de antaño. En realidad, por lo estereotipado de sus tramas, se alejan de las novelas de amor que estuvieron de moda en la década de los ochenta. He aquí un ejemplo: “Riiing…
(¿Quién me manda un mensaje de texto a esta hora..?)
¡Bip!
–Haruna, perdón, te dejo.
Se trata del muchacho con el que Haruna está supuestamente saliendo.
(¡Por qué tiene que venir a molestarme a esta hora!)
–¡Tranquilo! ¡Chao!
Ella continúa arreglándose, verifica la temperatura de su rizador de pelo y comienza a hacerse un bucle con esmero.
¡Riiing!
–Eres un asco.
(Ah…)
–Lo siento. Es todo lo que ella le escribe como respuesta. No recibe ningún otro mensaje. A partir de ese momento él se había convertido en un ex para Haruna.
(Teddy Bear, Bea-hime) El amor en estas novelas se presenta como un gran entramado de parejas que experimentan todo tipo de vicisitudes, que van de la declaración amorosa hasta la ruptura, donde intervienen compañeros de colegio, “mejores amigos” y ex novios. Evidentemente, estas aventuras marcan a los personajes y los obligan a replantear sus criterios subjetivos, tales como: “Lo amo, no lo amo”, “me trata bien, lo siento distante”, “me hará sentir protegida, no lo hará”. Lo que no se explica, sin embargo, es cómo o por qué estas jóvenes y estos jóvenes, se eligen entre sí.

En otros términos, estos adolescentes que buscan con desespero el amor, son seres inconsistentes, desprovistos de carácter y de pertenencia social. En general, no existen las descripciones a las que un lector de novelas está acostumbrado, pero esto no es lo único que dificulta que exista una empatía con los personajes. Sus vicisitudes son sobre todo una serie de circunstancias estereotipadas que tienden a obstaculizar su amor o que les impiden ver las cosas claramente, funcionando como revulsivos que tienden a modificar sus “sentimientos”. Lo único que en verdad importa, más allá de que lo que les pase sea verosímil, es que los sentimientos retratados sean auténticos. No resulta pues extraño que la trama nos parezca artificial. Los personajes y sus vivencias son tratados sistemáticamente de forma somera y las descripciones carecen de la precisión que confieren casi siempre a un texto su verosimilitud. Es precisamente porque están tan alejados de la idea que se tiene de la ficción que estos textos atraen a tantos lectores y seguidores. Que los personajes no sean nadie y que no pertenezcan a ninguna parte, en otras palabras, que las historias traten de cualquier persona en cualquier sitio, es lo que le permite al lector sentirse identificado. La ketai shosetsu hace que la distancia entre el escritor y el lector desaparezca.

La escritura de las ketai shosetsu tiene un formato muy definido, motivado por la necesidad de “confesión” y “toma de conciencia” de sentimientos reales. El objetivo final es dar una impresión de sinceridad:“Aunque la tierra deje de girar, aunque el mundo se venga abajo, te amaré para siempre”.

(Kono namida ga kareru made [Hasta que se agoten mis lágrimas], Yuki). “A partir de aquel día, mi mano derecha quedó atada a la tuya”. (Clearness, Towa).La convicción que tienen los personajes, en cuanto a la sinceridad de su amor y la importancia que le dan a esa sinceridad, es una constante. Es de ahí que nace su actitud —que podría ser calificada como de ingenua valentía frente al mundo real. Los autores ensalzan el mensaje de no desfallecer y de continuar amando pase lo que pase: “Si se aman a ustedes mismos, habrá inevitablemente alguien que los ame”.

(Epílogo de Nijiiro-no yakusoko [Una promesa color arco iris], Yuiga).Encontrar el coraje para decir “Te amo, pase lo que pase” le permite al héroe transformar las críticas y las amenazas en “pruebas que debe superar”. Los lectores comparten los sentimientos de los personajes porque estos seres comunes y corrientes hacen frente de forma enternecedora a las distintas pruebas que deben sobrellevar.
Los adolescentes japoneses de nuestros días no acostumbran sincerarse con nadie sobre lo que los hace sufrir. Dado que muy pocos tienen la opción de rebelarse contra la sociedad, no sorprende que tengan la tendencia a sentir que sus propios defectos son la causa de todas las dificultades que se les presentan. Esta propensión a asumir la responsabilidad de dificultades que escapan a cualquier tipo de control y la incapacidad de descargar la culpa sobre el mundo que los rodea, ilustran el grado de aislamiento social que enfrentan los adolescentes nipones en la actualidad.

Detrás de la actitud de estos adolescentes se esconde también un sentido del orgullo que, por muy duras que sean las circunstancias, les impide huir, y una conciencia de lo que es ser digno que no deja otra salida que la de asumir todas las dificultades. Si no se tiene en cuenta esto, se corre el riesgo de pasar por alto este “combate por el orgullo” al cual se deben hacer frente los adolescentes ordinarios a diario, un combate interno entre el amor propio y la humillación, entre la aceptación y el rechazo.

Las vicisitudes que nutren la experiencia de cada personaje —incluso las circunstancias más traumáticas como pueden ser un accidente de tráfico, una violación, un embarazo no deseado, la ruptura en el seno de una familia, el incesto— no se sitúan fuera del contexto de la realidad cotidiana. Las “situaciones extraordinarias” están tejidas en jornadas de colegio, encuentros, separaciones, consumo de alcohol y trabajos temporales, lo que tiene como consecuencia el situar todos los acontecimientos a un mismo nivel, generando una sensación de falta de consistencia en el relato.

Esto dificulta la capacidad de identificarse con las “vivencias” que narran estas novelas supuestamente basadas en hechos reales.
La otra razón por la que las novelas para celular se apartan del realismo novelesco tiene que ver con la relación que generan con sus lectores. El relato nunca se erigirá por encima de un nivel meramente cotidiano, donde los sentimientos pueden ser expresados con muy pocas frases. “Lsm, en serio”, “Td mal”, “Tqm”, “Lkgaste”. Leer diálogos escritos con estos sistemas de abreviatura para mensajes de texto pareciera reflejar una pobreza de vocabulario pero constituyen en realidad el lenguaje que utilizan los adolescentes. El universo de las ketai shosetsu es en consecuencia infinitamente real porque refleja esa realidad.

En su día a día, la gente común no hace análisis psicológicos profundos ni expresa sus experiencias en un lenguaje rebuscado. Un mundo que se describe a sí mismo y que se explica lo que sucede de esta forma está muy lejos de reflejar la realidad que vive un adolescente hoy en día. El éxito de las ketai shosetsu radica en que están totalmente sintonizada con la realidad que viven sus lectores.

No es difícil comprender que los lectores de estas novelas no pertenezcan a círculos socioculturales privilegiados sino a las bajas esferas de la sociedad. Lo que marca la diferencia entre estas obras y las novelas románticas de los ochenta es que narran historias derivadas de la fractura social creada a partir de mediados de los años noventa. A pesar de su carácter banal y superfluo, estos relatos hacen una apología del concepto de estabilidad y protección mutua inherente al de las parejas de enamorados, alejándose de las relaciones meramente pasionales y sin futuro. El hecho de que este nuevo género interese, sobre todo, a una juventud abandonada a su suerte en una era de reformas estructurales, abocada a sobrevivir precariamente y por lo general alejada de la posibilidad de casarse, no sorprende. Hasta puede decirse que el fenómeno de las ketai shosetsu es una consecuencia de todas las dificultades que enfrentan cada día las personas en su pequeñez.

Y esta consecuencia se convierte en identificación sociocultural gracias a la aparición de una comunidad que sienta sus bases en el hecho de pertenecer a un mismo grupo social, generacional o cultural, lo que podría desembocar en la creación de un club de fans que se identificara colectivamente con una historia o con alguno de sus personajes. Leer un relato de celular representa para el lector una opción de vivir una trama paralela a su propia vida. Cada lector crea la historia que más le conviene y elige una ketai shosetsu en función de este criterio. En vez de reconocerse interactuando con los que lo rodean, lo que supone sin duda un cierto derroche de imaginación, el lector se enfrasca en su propia trama y sueña con vivirla hasta el desenlace final. | SEKAI©
Traducción: Benjamín Moure

 

La Nobel que no soporta a la gente (excepto en la red)

Desde hace doce años, la escritora austriaca publica textos en su sitio de internet. En 2007, tomó la decisión de escribir allí su nueva novela, que acaba de terminar.

Rose-Maria Gropp/ Frankfurt

Al entrar al enlace Aktuelles (Noticias) del sitio de internet de Elfriede Jelinek (www.elfriedejelinek.com), se encuentran los capítulos de su nueva novela. La autora, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 2004, define Neid [Envidia] como “una novela privada”. La representación de los siete pecados capitales de El Bosco (que se encuentra en el Museo del Prado) le sirvió a la vez de inspiración, de advertencia y de símbolo. Los pecados capitales están allí dispuestos en círculos —encuadrados por las imágenes en medallones de las “Cuatro etapas del juicio final”, la Muerte , el Juicio, el Infierno y el Cielo— alrededor del ojo de Dios. En su pupila, Cristo muestra sus heridas, debajo está la inscripción “Guárdate, Dios te mira”. Dios mira, como Jelinek, que de la envidia no se libran ni los perros: uno de ellos, que porta un hueso, mira de reojo a otro que lo observa con envidia.

En Envidia se encuentran los temas del universo de Jelinek: la montaña y el mar, la gran ciudad y el pueblo, la vejez de la mujer, el turismo que nunca llega, la ruina de la naturaleza, mugre erosionándolo todo, los muertos y la música. Una vez más, su prosa es una reflexión musical sobre el carácter inexorable de la pérdida. Pero además, al leer los primeros capítulos de la novela se hace evidente una sensibilidad a flor de piel. “Esas son las reglas del juego”, dice Jelinek. Las mismas que le critican sus detractores más mordaces, aunque no les sea fácil, en adelante, estigmatizar a su agrado extractos de su prosa tumultuosa, sacándolos de contexto.

Usted define su texto publicado en internet como una “novela privada”. ¿Por qué? ¿Se trata de un nuevo género?
Eso quiere decir que la novela aparece solo de manera privada, para decirlo de alguna manera como autora, pero también que allí se encuentran cosas mucho más privadas que en mis otros libros.

¿Por qué escoger internet, un lugar público por excelencia?
Internet es una forma de lugar público diferente, el carácter público allí es virtual. Cuando todo el mundo puede leer un texto, eso puede significar también que nadie lo lee. Yo escribo un texto, pero al mismo tiempo juego a esconderme detrás de él, porque, por decirlo de algún modo, no está escrito.

¿Publicará una versión en libro?
No, no saldrá jamás en libro.

¿Por qué razón? Usted dijo alguna vez que el Premio Nobel le permitía nuevas libertades. ¿La libertad de no padecer la coacción del mercado hace parte de su decisión?
Es una liberación, sin duda alguna, y es también una liberación de la vida pública. Yo no soporto los lugares públicos, lo cual es seguramente patológico. Pero no puedo hacer nada contra ello, yo soy así. Como lo dije, hay un elemento importante —muy católico quizás—, que es poder publicar y al mismo tiempo absolverme como si fuera una confesión. Está escrito, pero no es mi culpa. Creo que se trata de mi sentimiento de culpa, en efecto. Yo escribo algo, pero no estoy allí para nada. Es cierto que el Premio Nobel me dio una posibilidad material. De todos modos, yo no había ganado jamás tanto dinero (salvo con Lujuria). Con el Nobel y todo, no puedo solamente vivir de mis libros.

¿Por qué escoger el nombre de un pecado capital, la envidia, como título? Esa idea no aparece sino hasta el final del segundo capítulo cuando dice “la envidia al juicio de los vivos”. ¿Qué quiere decir?
Es la envidia de la gente que no puede vivir (como yo) y que experimenta en la mirada de los otros lo que intento decir en la novela de manera paradigmática. No estoy muerta, pero tengo la sensación de ser una muerta-viviente, porque, debido a mi enfermedad física, sobre la cual no quiero extenderme, no puedo vivir, no puedo viajar, no soporto a la gente. No soporto siquiera que me miren. Este estado de muerte en vida me ha conducido tanto a publicar como a no hacerlo. Al no crear un libro objeto, puedo pensar que esa novela privada no existe.

¿Tiene la intención de inscribirse en la tradición del folletín como Balzac, Sue o Dickens?
No, para nada. En mi caso, los episodios no tienen nada que ver con el suspenso o el desarrollo de una intriga. Al contrario, estos hablan del letargo, de ciudades despobladas, de la muerte en vida. Hablan del estrechamiento del espacio vital (mi espacio vital y el del protagonista y el de las ciudades que debido a la crisis industrial —en particular la siderúrgica en Europa—, perdieron la mitad de sus habitantes), de la ausencia de movimiento. (...)
Además, me reservo la posibilidad, si fracaso o pienso fracasar, de dejar la novela como un bosquejo, de modificarla más adelante o simplemente de quitarla de internet si siento ganas o si no soporto verla más ahí, mirándome como tonta desde el fondo de la pantalla. |
FRankfurter
Allgemaine Zeitung©
Traducción: Juan David Correa